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EL TESORO MAYOR


“Porque, donde estuviere vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón.”

Jesús, (Lucas, 12:34.)


En el mundo, los templos de la fe religiosa, al ser consagrados a la Divinidad del Padre, son departamentos de la casa infinita de Dios, donde Jesús suministra sus bienes a los corazones de la Tierra, independientemente de la escuela de creencia a la que se afilian.

A esas subdivisiones del eterno santuario comparecen los tutelados de Cristo, en sus diferentes grados de compresión. Cada cual, instintivamente, revela al señor donde coloca su tesoro.

Muchas veces, por eso mismo, en los diversos recintos de su casa, Jesús recibe, sin respuesta, las súplicas de innumerables creyentes de mentalidad infantil, contradictorias o contraproducentes.

El egoísta habla de su tesoro, exaltando las posesiones precarias; el avariento se refiere a mezquinas preocupaciones; el gozador demuestra apetitos insaciables; el fanático repite pedidos locos.

Cada cual presenta su capricho herido como si fuese el dolor mayor.

Cristo les oye las solicitudes y espera la oportunidad de darles a dar a conocer el tesoro imperecible. Oye en silencio, porque la hierba tierna pide tiempo al proceso evolutivo, y espera, confiado, por cuanto no prescinde de la colaboración de los discípulos resueltos y sinceros para la extensión del divino apostolado. En el momento adecuado, surgen esos, a su influjo sublime, y el paisaje de los templos se modifica. No son solo creyentes que comparecen para la rogativa, son trabajadores decididos que llegan para el trabajo. Llenos de coraje, dispuestos a morir para que otros alcancen la vida, ejemplifican la renuncia y el desinterés, revelan la Voluntad del Padre en sí mismos y, con eso, amplían en el mundo la comprensión del mayor tesoro, sintetizado en la conquista de la luz eterna y del amor universal, que ya les enriquece el espíritu engrandecido.


Mensaje 64 extraído del libro Camino Verdad y Vida dictado por el espíritu de Emmanuel, Psicografiado por el Médium Francisco Candido Xavier